El 16 de octubre de cada año celebramos el Día Mundial de la Alimentación para recordar el nacimiento, en 1945, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El objetivo de creación de la FAO fue liberar a la humanidad del hambre y la malnutrición, y gestionar de forma eficaz el sistema alimentario mundial. A partir de ese año se organizan eventos en más de 150 países, para promover la concientización a favor de aquellos que padecen hambre y para recordar la necesidad de garantizar la seguridad alimentaria y las dietas nutritivas para todos.

Cada año el Día de la Alimentación lleva consigo un lema diferente. El lema de este año es “Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural”. En la actualidad factores como el aumento de los conflictos nacionales y regionales, y la inestabilidad política contribuyen al proceso migratorio. La migración no es un proceso social nuevo. Por caso, las transformaciones ocurridas en el medio rural durante las últimas décadas, han llevado a pobladores rurales a trasladarse a centros urbanizados, donde no siempre logran mejores niveles de vida. Situación que es más grave en el caso de los migrantes extranjeros, máxime si se desplazan desde sus países hacia otros países en desarrollo.

En Argentina el 4,5% de la población es extranjera, y el 10% de la misma se concentra en el Conurbano bonaerense donde los niveles de pobreza alcanzan un 34,1% (Beccaria, 2017). Además en el Conurbano bonaerense se concentra, desde la década del 40, un importante porcentaje de la población rural que sufrió un proceso migratorio interno, el que en gran medida está asociado con la pobreza.

Los conflictos son un factor clave de las situaciones de crisis alimentarias graves, y esto se visualiza en que se estima que en 2016 aumentó, hasta los 815 millones, el número de personas en el mundo que se acuestan con hambre cada noche. La FAO está colaborando con los gobiernos y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para cumplir con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la que tiene como meta erradicar el hambre y prevenir, para el año mencionado,  cualquier forma de malnutrición.

La FAO está orientando sus esfuerzos al fortalecimiento de la capacidad de los países para abordar la migración mediante políticas de desarrollo rural, poniendo el hambre y la agricultura en el centro de la política mundial, de manera que nos convirtamos en la primera generación que haga desaparecer el hambre del planeta: la Generación Hambre Cero. Reforzar las inversiones en seguridad alimentaria, desarrollo rural sostenible y adaptación de la agricultura al cambio climático, ayudará a crear las condiciones que permitan a las personas, especialmente a los jóvenes, a no verse obligados a abandonar sus tierras. Al invertir en el desarrollo rural también es posible aprovechar el potencial de la migración para apoyar el desarrollo de las comunidades de acogida y desplazadas, sentando así las bases para una recuperación a largo plazo y un crecimiento inclusivo y sostenible.

En lo que se refiere a desarrollo rural, la Universidad Nacional de Chilecito está realizando diferentes esfuerzos. Por ejemplo, en colaboración con La Riojana – Cooperativa Vitivinifrutícola de La Rioja Ltda. y el Centro Ganadero de Santa Florentina, se llevan a cabo proyectos de vinculación en los que se evalúa la inclusión de co-productos de la industria vitícola y olivícola en la alimentación animal. El objetivo general de estos proyectos es fortalecer la producción ganadera de pequeños productores a fin mejorar su calidad de vida, en base de sus propios esfuerzos y en un marco de sustentabilidad, de manera de contribuir al desarrollo rural bajo la premisa Desarrollo rural sostenible = seguridad alimentaria = hambre cero.

 

Dra. Mariana M. Varas

Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA)

Universidad Nacional de Chilecito

 

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