La Organización de las Naciones Unidas declaró el 3 de marzo como el Día Internacional de la Vida Silvestre, conmemorando la “Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres”, (CITES su sigla en inglés) aprobada en 1973.

Antes que nada, es importante aclarar a que nos referimos cuando hablamos de vida silvestre y de CITES y como se relacionan. La vida silvestre comprende todos los animales, plantas, hongos, algas y microorganismos que pueden crecer y desarrollarse sin que interfiera el hombre, es decir todas las especies que no han sido domesticadas, mientras que CITES,  controla el comercio internacional autorizando, o no, la importación, exportación o introducción de cualquier especie de vida silvestre amparada por la Convención. Para lograrlo, agrupa a las especies en tres apéndices, según el grado de amenaza, determinando si puede o no ser comercializada. El Apéndice I incluye especies amenazadas de extinción, cuyo comercio se permite solo en circunstancias excepcionales, el Apéndice II, a especies que no necesariamente están amenazadas, pero en las que el comercio debe de ser controlado para evitar un uso incompatible con su supervivencia y el Apéndice III, a especies protegidas al menos en un país.

Hoy, CITES cuenta con 182 Estados miembros, entre ellos Argentina, y es una de las herramientas más poderosas para la conservación de la vida silvestre a través de la regulación de su comercio.

Ahora bien, ¿por qué es tan importante proteger la vida silvestre? Antes que nada, por su valor intrínseco. Cada especie sobre la Tierra es el resultado de millones de años de evolución acomodándose y sobreviviendo a todos los cambios producidos en el planeta. Pero, existe otro argumento que considera su contribución al bienestar humano. Si nosotros tenemos agua es porque en el suelo existen especies vegetales, cuando el agua de lluvia cae le dan sombra para que no se evapore o la retiene para que no escurra, y así ayuda a que se infiltre recargando los acuíferos que luego nos proveen de agua y evitando posibles inundaciones aguas abajo. Para que esta vegetación se mantenga, aportando también oxígeno y retirando CO2, necesitamos a los animales que polinicen las plantas y luego dispersen sus semillas, a los microorganismos y los pequeños invertebrados del suelo para que lo mantengan óptimo para que las plantas puedan crecer, los mismos que permiten que los suelos sean fértiles para que podamos sembrar. Estos, son solo algunos de los servicios ambientales que nos brinda un ecosistema. Pero para que esto ocurra debe funcionar correctamente y la disminución de especies de vida silvestre compromete el funcionamiento de los ecosistemas y por lo tanto su capacidad de generar servicios.

El lema 2019 del Día Mundial de la Vida Silvestre se relaciona con esto: “Vida submarina: para la gente y el planeta” porque pone de relieve la importancia fundamental y el valor de la vida silvestre marina en nuestras vidas cotidianas, ya que los océanos regulan nuestro clima, producen la mitad del oxígeno que respiramos, proporcionan nutrición a más de 3.000 millones de personas y absorben el 30% del dióxido de carbono que se libera a la atmósfera y el 90% del calor ocasionado por el cambio climático.

El objetivo de este día es celebrar la belleza y variedad de la vida silvestre, tomando conciencia de los múltiples beneficios que su conservación tiene para la humanidad y recordando la necesidad de combatir los delitos contra la misma que deriva en consecuencias negativas, tanto en lo natural, como en lo económico y social.

Dra. María Dolores Juri

Directora de Escuela Ciencias Biológicas

Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA)

 Universidad Nacional de Chilecito (UNdeC)

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