En 1972 se crea el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) y el 8 de mayo se establece como “Día Nacional de la Prevención Sísmica” por Ley Nacional Nº19.616. El INPRES fue creado con la finalidad de realizar estudios e investigaciones básicas y aplicadas de sismología e ingeniería sismorresistente, destinados a la prevención del riesgo sísmico.

Cuando se habla de riesgo se hace alusión a dos factores: amenaza y vulnerabilidad.

La amenaza es la probabilidad de que un evento ocurra (en este caso particular, que se produzca un sismo). Los sismos son uno de los eventos de la naturaleza que no pueden predecirse; los conocimientos científicos y tecnológicos disponibles no son suficientes para hacerlo. Por lo cual cuando se hace mención a disminuir el riesgo sísmico, nos estamos refiriendo a disminuir la vulnerabilidad. Esto sólo es posible si toda la población posee un adecuado grado de conocimiento y preparación frente a eventos de esta naturaleza.

La vulnerabilidad es la probabilidad de sufrir un daño ante algo; en este caso en particular, que la población, sus edificios y estructuras sufran un daño o deceso ante un sismo. Por lo tanto se debe contar con construcciones sismorresistentes y la población debe estar capacitada y entrenada para actuar de tal manera de exponerse lo menos posible ante ocasionales daños generados, directa o indirectamente, por un sismo.

Argentina tiene una larga historia de terremotos, algunos catastróficos por la cantidad de víctimas, siendo la zona oeste del país la que presenta el mayor nivel de peligro sísmico, teniendo como epicentro de peligrosidad la región de Cuyo. Como ejemplos extremos de catástrofes se pueden mencionar los 6.000 muertos de Mendoza en 1861, o los 10.000 muertos de San Juan en 1944. Ambos terremotos destruyeron casi en su totalidad ambas capitales provinciales, considerándose el terremoto de San Juan, como la mayor catástrofe natural de la historia Argentina.

La prevención, la educación y la información sobre estos temas, resultan indispensables para actuar de forma ordenada y evitar los estados de pánico social en caso de que ocurra un temblor. Las instituciones (como escuelas, hospitales, universidades, etc.), las empresas y la propia familia son quienes deben encargarse de reunir las condiciones propicias para afrontar de la mejor forma posible eventos naturales de este tipo.

En situación de riesgo, sin la debida preparación, la población actúa por instinto, guiada por el miedo, intentando huir de cualquier manera y por cualquier vía a lugares comunes de reunión, que pueden no ser los más seguros. Por ejemplo en una ciudad las calles son el lugar por donde se conducen prácticamente todos los servicios de manera aérea o soterrada, convirtiendo a este espacio en el menos seguro durante un sismo (debido a posibles caídas de cables y ramas, o roturas y hundimientos de cañerías de agua, gas, cloacas, entre otros).

El INPRES ha elaborado una serie de recomendaciones a fin de disminuir los potenciales daños; las mismas se enfocan en cómo actuar antes, durante y después de un sismo.

Antes de un sismo se deben identificar los lugares más seguros dentro y fuera de las edificaciones y distintas rutas de escape posibles y seguras. En edificaciones grandes, de acceso público y lugares de trabajo se deben señalizar los lugares seguros y las salidas de emergencia, manteniendo estas últimas siempre en condiciones de ser utilizadas. Se debe tener fácil acceso a elementos como linternas o luces de emergencia (en caso de sismos en horarios nocturnos). Debe quedar una persona encargada de cortar los servicios (electricidad, agua, gas).

Durante un sismo lo más importante es mantener la calma y respetar lo planteado y practicado en el Plan de Prevención Sísmica, buscando los lugares seguros del lugar donde nos encontremos, evitando cercanías a vidrios, balcones, ascensores, zonas con cableado eléctrico aéreo, cañerías soterradas o elementos potencialmente explosivos.

Después de un sismo el INPRES recomienda ayudar a posibles heridos, hasta que llegue la ayuda profesional. No encender fósforos, encendedores, interruptores eléctricos u otro elemento que pueda iniciar un incendio, hasta revisar el estado y correcto funcionamiento de los distintos servicios. Revisar el estado de los edificios o inmuebles antes de ingresar nuevamente en ellos. Mantener la calma y la solidaridad con el resto de personas con las que nos encontremos en todo momento.

Estas recomendaciones son validas para familias, instituciones y empresas. Una de las formas de acostumbrarnos a un correcto actuar ante un sismo, es la práctica y repaso periódico del plan de prevención planteado.

MsCs. Laura Montero Hagen

Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA)

Universidad Nacional de Chilecito

X