El 7 de julio se celebra el Día Mundial de la Conservación del Suelo, en conmemoración del aniversario del fallecimiento de Hugh Hammond Bennet (15 de Abril de 1881 – 7 de Julio de 1960), pionero en la lucha contra la erosión en Estados Unidos. En 1963, bajo la presidencia del Dr. Arturo Humberto Illia, la República Argentina decretó (Nº 1.574/63) el Día Nacional de la Conservación del Suelo. Entre los fundamentos del decreto se expresa: “el suelo agrícola configura el soporte más sólido de la economía Argentina, así como de su expansión futura y que, consecuentemente, la conservación de nuestro recurso natural básico es imprescindible para garantizar el bienestar de todos los habitantes de la Nación.”

La Provincia de La Rioja no es ajena a esta problemática, ya que las tierras están expuestas a daños o riesgo de ocurrencia de alguno de estos procesos: degradación física, erosión hídrica, erosión eólica, salinización o alcalinización. La Desertificación es la expresión conjunta y simultánea de algunos de ellos. También, en áreas específicas, existe riesgo o daño por contaminaciones de diverso origen. En algunos sectores frágiles, el ambiente es afectado por desmontes, excesiva extracción de vegetación, sobrepastoreo o aplicación inadecuada de tecnología productiva.

En nuestro país se observa con preocupación la existencia de diversos procesos de degradación de las tierras y sus suelos, a pesar de los esfuerzos realizados por productores agropecuarios y organismos públicos y privados. 

El estado actual indica que es oportuno, pero a la vez necesario, generar y aplicar políticas integrales y permanentes para el aprovechamiento sustentable del suelo y, en general, de los recursos naturales. A lo largo de nuestra historia hubo varios intentos al respecto, y en 1981, se puso en vigencia la Ley N° 22.428 de Fomento a la Conservación de Suelos, que sigue vigente pero, en la práctica carece de financiamiento para su implementación. Solo algunas provincias aplican algunos recursos económicos propios para la implementación de tecnología para la conservación de los suelos.

Por otro lado, el pasado 4 de julio  se realizó en Buenos Aires el Seminario Internacional de Cambio Climático y Seguridad Alimentaria Global, con el objetivo de analizar el aporte de la agricultura a la mitigación del cambio climático y la contribución de los países del Cono Sur de América en la mejora del balance neto de carbono de los suelos. 

Como conclusión se desprenden algunas ideas sobre las cuales hay que trabajar con mayor énfasis: 

  • El impacto de la agricultura en la emisión de los Gases de Efecto Invernadero (GEI). En este aspecto se destacó el desafío que tiene la región de producir cada vez más alimentos haciendo frente a la mayor dificultad que impone un clima cambiante.
  • Las oportunidades que tiene la producción agraria en la región Cono Sur en mitigar los efectos de los gases en la atmósfera; idea basada en un trabajo de Ernesto Viglizzo, (CONICET), que pone el foco en las pasturas y su funcionalidad como sumidero de carbono, algo que abunda en estas tierras, y que habitualmente no se toma en cuenta para medir el impacto climático de cada país. 
  • El cambio climático pone en riesgo la actividad agropecuaria y se presenta el desafío de producir cada vez más alimentos y de mitigar el cambio climático global, que además es dinámico.
  • Los gobiernos y buena parte del sector privado han asumido el compromiso de un accionar junto a toda la comunidad internacional de forma equitativa y justa. Como país, debemos dar al mundo la información científica necesaria y prepararnos para una difícil tarea.
  • Es muy relevante destacar que el cambio climático no es el problema sino el síntoma de éste. Es necesario priorizar el desarrollo de la ciencia y la técnica para poder paliar los impactos que están ocurriendo en el planeta. Aportar datos científicos para poder empezar a reducir el impacto ambiental, y también poder defender la técnica de nuestros métodos, en la medida que demuestren una real sustentabilidad. 
  • El agro es y será uno de los sectores francamente afectados por el cambio climático, porque sufre sus consecuencias, aunque al mismo tiempo es responsable, tanto de mitigar como de adaptarse a los cambios para seguir produciendo. En un escenario en el que se proyecta que para el 2050 habrá 10 mil millones de personas en el mundo, y que se necesitará un 70 % más de alimentos, un desafío que se vuelve muy complejo en situaciones de cambio climático.
  • Esto representa una potencialidad y una debilidad, ya que por un lado las emisiones agropecuarias se duplicaron en los últimos 50 años y se prevé un aumento del 30% más para 2050 si no buscamos una solución efectiva y conjunta al problema. Pero, por otro lado, el agro funciona como sumidero de carbono y esto es un aspecto positivo para disminuir los GEI.

En todas estas ideas o reflexiones está involucrado el suelo, y la trascendente tarea de utilizarlo y conservarlo dentro de un contexto de un adecuado y armónico equilibrio ambiental.

 

Ing. Agr. Alberto Sfeir

Escuela de Ciencias Agrarias

Invitado por el Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA)

Universidad Nacional de Chilecito (UNdeC)

 

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