Todos los años, en esta fecha, se celebra el día del montañista, en conmemoración de Nuestra Señora de las Nieves, patrona de las actividades de montaña y venerada por esta causa hace más de 1.600 años.

La relación del hombre con las montañas se remonta al origen de los tiempos, las culturas andinas se relacionaban con ellas de una manera muy particular, los Incas por ejemplo las consideraban la morada de los dioses. Los “Apus” eran sagrados y, por lo tanto, el lugar elegido para realizar sacrificios humanos con el objetivo de satisfacer a las divinidades y conseguir mejores cosechas, climas propicios y demás beneficios para el pueblo. Es así que gran parte de nuestra cordillera se encuentra repleta de cerros con enterratorios de altura y en muchos de ellos se han encontrado cuerpos momificados, siendo los más importantes los del Volcán Llullaillaco en la provincia de Salta y el del Cerro Aconcagua en Mendoza.

De esta manera podemos decir que los pueblos originarios integraban los espacios de montaña a su vida cotidiana, mientras que la visión occidental moderna es más despersonalizada y tiende a ver a la montaña o bien como un límite, una barrera que separa territorios y culturas o como el terreno de juego donde satisfacer sus necesidades deportivas, turísticas y/o de esparcimiento.

El montañismo como actividad deportiva y comercial tiene su punto de partida en la primera ascensión al Mont Blanc, máxima elevación de los Alpes, el 8 de agosto de 1786. A partir de ese momento el hombre se esforzó en llegar a las cimas del mundo, logrando en 1953 de la mano de Sir Edmund Hillary y el Sherpa Tensing Norgay hacer cumbre en la más alta de todas, el Everest, de 8.848 msnm.

En Argentina, los primeros montañistas modernos fueron europeos, el guía suizo Mattias Zurbriegen alcanzó la cumbre del Cerro Aconcagua el 14 de enero de 1897, hito que marcó el comienzo de una carrera por coronar las cumbres más reconocidas de nuestro país.

Más allá de las distintas maneras de vincularse con la montaña que han mostrado tener las sociedades a lo largo de la historia, es interesante resaltar la fragilidad de estos ambientes y la importancia de su conservación.

Desde el año 2010, Argentina cuenta con una Ley Nacional de Protección de Glaciares; la Ley 26.639 establece la realización del Inventario Nacional de Glaciares cuyo objetivo es conocer cuántos glaciares hay en nuestro país, dónde se ubican y qué características poseen para así poder protegerlos y, de esta manera, preservar las reservas estratégicas de agua en estado sólido. Es en el marco de este proyecto (llevado a cabo por el Instituto Argentino de Nivología y Glaciología) que se visitó el Cordón del Famatina para realizar el control de campo de todas las geoformas de origen glaciar que presenta el paisaje de la zona.

En esa oportunidad recorrimos la zona del puesto “3 piedras” y además de apreciar vestigios del Qhapaq Ñan o camino Inca, observamos morteros y algunos instrumentos de labor de antiguas culturas que habitaron estos valles; más tarde, al dirigirnos a la zona de La Mejicana tratamos de imaginar cómo habrá sido ese lugar durante la fiebre del oro. Lo cierto es que los únicos testigos del paso del tiempo son los glaciares y los que abundan en esta zona son los “rocosos” (también llamados “glaciares de escombros”), y nuestro objetivo era poder verlos de cerca. A pesar de lo riguroso del clima, del viento, de la altura y de la sequedad del aire, estos valles estuvieron habitados por siglos y si eso fue posible ha sido por el manejo sustentable que han hecho del agua.

Basta hablar con arrieros, productores o pobladores históricos de la zona para entender la importancia de preservar las reservas hídricas que se encuentran en las altas cuencas de nuestra cordillera, ya que son las encargadas de proveer el agua necesaria para la vida de las comunidades que habitan estos territorios.

Para finalizar, sería interesante proponer que el día del montañista o del montañés, no sea solo un día de celebración sino también de reflexión sobre el riesgo que conllevan ciertas actividades humanas que impactan sobre estos ambientes de extrema fragilidad y que son de vital importancia para el desarrollo de las comunidades andinas.

 

Tec. Juan Pablo Scarpa*

*Guía de Alta Montaña y Técnico en Turismo

Instituto Argentino de Nivología y Glaciología (Ianigla)

Invitado por el Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA-UNdeC) 

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