Desde hace más de 100 años, el 29 de agosto se celebra en Argentina el “Día del Árbol”. Este festejo se realizó por primera vez en 1901, luego de que el Consejo Nacional de Educación la estableciera el 29 de agosto de 1900, por iniciativa del Dr. Estanislao Zeballos, de fuerte vocación ambientalista, entonces miembro del Consejo Nacional de Educación y fundador del Instituto Geográfico Argentino.

Precedentemente, Domingo Faustino Sarmiento, Presidente de la Nación Argentina entre 1868 y 1874, fue un fuerte impulsor en promocionar la actividad forestal. Durante un discurso subrayó: “El cultivo de los árboles conviene a un país pastoril como el nuestro, porque no solo la arboricultura se une perfectamente a la ganadería, sino que debe considerarse un complemento indispensable”, y agregó: “La pampa es como nuestra república, tala rasa. Es la tela en la que ha de bordarse una nación. Es necesario escribir sobre ella ¡Árboles! ¡Planten árboles!”.

Esta fecha tiene como propósito concientizar sobre la importancia de los árboles en los ambientes naturales y urbanos, fomentar su valoración y el compromiso de mantenerlos y protegerlos. La humanidad toda debe tomar conciencia de la responsabilidad en el cuidado de los recursos forestales y de promover un uso responsable de los bosques. Esta celebración pretende, también, sensibilizar sobre la protección las especies en peligro de extinción y estimular su reimplantación.

El Árbol Forestal argentino es el “quebracho colorado chaqueño” cuyo nombre científico es Schinopsis balansae Engl. y pertenece a la familia Anacardiaceae. Fue declarado árbol nacional en el año 1956 por medio del Decreto 15.190/56 del Poder Ejecutivo Nacional. Otra celebración vinculada con el Día del Árbol es el “Día Forestal Mundial”, establecido desde 1971 por la FAO, el 21 de marzo.

Suecia fue el primer país que instituyó un día en el año para hacerle honor al árbol en el año 1840, al reconocer la importancia de los árboles en el ambiente, y la necesidad de inculcar a los niños sobre el cuidado que se les debe brindar y la responsabilidad de conservarlos.

¿Por qué son importantes los árboles para el ser humano?. La importancia radica en que proveen bienes y servicios esenciales, ambientales, sociales, económicos, que son apreciados, pero generalmente olvidados. Contribuyen a regular la temperatura y amortiguar las amplitudes térmicas, reducen la velocidad del viento, proporcionan sombra, mantienen la humedad, oxigenan el aire, absorben el dióxido de carbono, reducen la contaminación del aire, fijan el polvo en suspensión, mejoran la calidad del agua, mejoran la fertilidad del suelo, albergan biodiversidad (proveen de hábitat, refugio y alimento a distintos organismos), amortiguan el ruido, favorecen la infiltración del agua y contribuyen a fijar el suelo disminuyendo la acción de los procesos erosivos y deslizamiento de laderas.

En regiones áridas, los árboles tienen una función esencial en la estabilidad estructural y funcionamiento de los ecosistemas; contribuyen a la preservación de la biodiversidad y proporcionan múltiples recursos al hombre.

Es necesario destacar que los árboles han tenido un rol fundamental en el progreso de las urbanizaciones en todo el país, así como en el aporte de durmientes para el desarrollo del ferrocarril, la construcción de puertos y el suministro de madera para muebles y leña como fuente de combustible en la minería y la industria.

Estos son motivos suficientes para que en esta fecha se celebre un reconocimiento a los múltiples servicios que presta el árbol a la vida y a la actividad humana, además del puesto simbólico que ocupa en numerosas culturas tradicionales.

 

Dr. Omar Varela

Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA)

Universidad Nacional de Chilecito 

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