En la década de los años 60 del siglo pasado, por primera vez, el ser humano pudo contemplar nuestro planeta desde el espacio. Una mirada privilegiada, casi divina, que remite a nuestro lugar en el cosmos. Un planeta único, repleto de vida y al que todos pertenecemos. Argentina no es ajena a ese despertar de la conciencia ambiental, y como en muchos casos, empezamos a tomarla cuando sufrimos las consecuencias de nuestros olvidos e inconsciencias.

Así, desde 1995 fue declarado el Día Nacional de la Conciencia Ambiental el 27 de septiembre, mediante Ley 24.605. Y este día se eligió en conmemoración del fallecimiento de 7 personas, por un escape de gas cianhídrico en el año 1993 en Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Un año después, se reformó la Constitución Nacional de la República de Argentina cuyo artículo 41 nos recuerda el derecho a vivir en un ambiente sano, tanto para nosotros como para nuestras generaciones futuras. En el 2002, fue promulgada la Ley General del Ambiente, Ley 25.675, en su Art. 4 se explicitan los principios morales que han de regir la protección ambiental: responsabilidad, precaución, solidaridad, cooperación, sustentabilidad, entre otros, principios que guían nuestra conducta en relación al entorno en el que vivimos.

Este despertar de la conciencia ambiental en Argentina, además de las leyes que lo acompañan, también se refleja en el creciente número de colectivos que defienden los bienes comunes, de personas que optan por el veganismo, una opción ética que consiste en no consumir productos de origen animal tanto para la alimentación como para la vestimenta. A nivel local los movimientos de protección de los animales como el COA de Chilecito que vela por la protección de la vida silvestre de las aves, y GUAHU Chilecito que trabaja en la ayuda de los animales abandonados y realiza campañas de castración masivas a bajo costo; y los movimientos sociales como las Asambleas que con sus diferentes reclamos expresan una voluntad de vivir en un ambiente sano, más allá de las ideologías.

Desde la Universidad Nacional de Chilecito cada vez son más los proyectos de investigación y extensión que con sus trabajos académicos promueven una conciencia ambiental, como el proyecto de “Revalorización del Cóndor andino por su rol ecológico y como patrimonio cultural en la comunidad de Guanchín”; o los proyectos en ejecución como el de “Manejo de la Basura”, o el de “Fortalecimiento de la red de contención alimentaria de la agricultura familiar del Departamento Chilecito”, en respuesta a la pandemia del Covid-19.

¿Y qué podemos hacer nosotros? En relación a la conciencia ambiental se puede hacer mucho. Simplemente un botón de muestra. Si separamos nuestros residuos domésticos (lo orgánico, el plástico y el papel), se reduciría en un 50%. También podemos y debemos ser cuidadosos con nuestras actividades al aire libre para evitar incendios forestales, la propagación de basura, la tala de árboles. El uso cuidadoso y racional del agua. En suma el cuidado de nuestra casa común que no es otra cosa que el cuidado de nosotros y el del otro naturaleza, el otro humano.

Hoy el calentamiento global ha dejado de ser un debate entre científicos para plasmarse en tragedias como los incendios forestales, las inundaciones, las sequías. Y la pandemia del COVID-19 nos está enseñando que la forma irracional con que nos manejamos con nuestra fauna silvestre y flora tiene sus consecuencias. ¡Qué el día de la conciencia ambiental sea un día que nos ilumine a todos a lo largo del año con acciones que contribuyan en la salud de nuestra casa común!

 

Dr. Iñaki Ceberio de León

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco (España)

Docente investigador en las carreras de Educación y Abogacía de la UNdeC

Invitado por el Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA-UNdeC)

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