El eterno desafío de prevenir para no tener que curar

El dengue es una enfermedad viral transmitida por el mosquito Aedes aegypti que cada año afecta a más de 390 millones de habitantes en el mundo. En Argentina padecemos esta enfermedad desde hace más de 20 años. Durante este verano y otoño 2020 presenciamos la tercera epidemia de alcance nacional, con más de 53.000 casos de dengue autóctono confirmados en aproximadamente 500 localidades desde el centro al norte del país. La provincia de La Rioja no ha sido la excepción, con más de 800 casos autóctonos confirmados, de los cuales 31 correspondieron a Chilecito entre inicios de marzo y fines de junio. Pero la provincia ya conocía los trastornos del dengue desde la primera epidemia nacional en 2009, donde había registrado casi 600 casos de transmisión dentro de su territorio. Entonces, aprovechemos este frío día de invierno en el cual se conmemora mundialmente el dengue para visibilizar el problema y reflexionar acerca de las posibles soluciones.

Lo que todos sabemos
Este mosquito vive en el agua acumulada en todo tipo de recipientes artificiales durante sus primeros días de vida. Nuestros patios y jardines están colmados de regaderas, baldes, porta macetas, bebederos de animales, cubiertas de auto en desuso, botellas e innumerables objetos capaces de contener agua. Nuestras ciudades albergan además gomerías, cementerios, chatarrerías, obras y depósitos tanto públicos como privados, baldíos, fábricas y numerosos predios con recipientes que multiplican la amenaza del dengue durante los meses cálidos.

Lo que todos deberíamos entender
No existen vacunas salvadoras. Tampoco insecticidas eficientes ni soluciones mágicas que eliminen al mosquito sin perjudicar al ambiente y a las personas. El problema no es del otro sino propio. El problema no es solo del vecino que está criando mosquitos. Tampoco es solo del funcionario público quien quizás no esté haciendo su parte, ni de los medios de comunicación que no siempre hacen llegar el mensaje correcto. Definitivamente tampoco el problema es solo de los dueños de las gomerías, ni exclusivamente del sistema de salud si no detecta tempranamente los casos para evitar el contagio. Tampoco el problema es solo de nosotros los científicos quienes no logramos aportar nuevas soluciones. El problema no es del otro sino de todos y cada uno de nosotros. Hemos escuchado hasta el hartazgo que al dengue lo combatimos entre todos, que debemos evitar la acumulación de agua en los recipientes, que sin mosquitos no hay dengue. Entonces, ¿qué nos está faltando como sociedad para reaccionar? ¿Y cómo individuos? Funcionarios de gobierno, vecinos, médicos, científicos, periodistas, docentes, comerciantes… quizás apropiarnos del problema cada uno desde su lugar sea un buen inicio.
Y volviendo a este frío día de invierno, ¿tiene sentido hablar de prevención de dengue en un momento donde no vemos mosquitos? La respuesta es indudablemente SÍ. Durante los meses de calor proliferan los mosquitos y sufrimos sus picaduras y las enfermedades que transmiten. Pero durante los meses fríos la población de este insecto perdura en nuestras ciudades como huevos resistentes al frío y la desecación dentro de incontables recipientes artificiales. Disminuir la abundancia del mosquito actuando sobre los recipientes es labor de todo el año, de todos los años. Preparar al sistema de salud y capacitar a los médicos para la detección temprana de casos también debería ser una tarea constante. ¿O acaso podríamos esperar a la cuarta epidemia nacional para apropiarnos del problema?

Dr. Darío Vezzani (ECOSISTEMAS-UNICEN)
Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA)
Universidad Nacional de Chilecito (UNdeC)

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