El 18 de octubre se celebra el Día Mundial de la Protección de la Naturaleza.

Para comprender esta fecha es necesario que nos situemos en las décadas del 60 y 70, durante las cuales se produjeron estudios científicos críticos sobre las posibles consecuencias de la orientación del desarrollo mundial y de sus efectos sobre la naturaleza y la sociedad, entre ellos, el informe “Los Límites del Crecimiento” (D. Meadows y otros). En este contexto se inició la preparación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, realizada en 1972 en Estocolmo, la cual incluyó una etapa previa de intercambio de los países más desarrollados con los países considerados emergentes.

Antes del inicio de la Conferencia de Estocolmo, el entonces ex presidente argentino, General Juan Domingo Perón, difundió el 16 de marzo de 1972 el “Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo” en el cual se refirió a la acción humana sobre la naturaleza y a sus consecuencias. Es precisamente el mensaje que se recuerda en esta fecha; unas breves frases del mismo nos permiten conocer su orientación:

Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la  contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales,  el crecimiento sin freno de la población y la sobre-estimación de la tecnología y la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esta marcha, a través de una acción mancomunada internacional.

La concientización debe originarse en los hombres de ciencia, pero sólo puede transformarse en la acción a través de los dirigentes políticos.

No es necesario enumerar los argumentos expuestos en el “Mensaje a los pueblos y gobiernos del mundo”, baste expresar que siguen siendo de actualidad, ello sin desconocer que la situación actual es más grave, tal como lo demuestran estudios científicos e innumerables organizaciones mundiales.

La humanidad enfrenta el cambio climático, la reducción de la diversidad tanto natural como cultural, la degradación de las tierras de cultivo, la expansión de los procesos de desertificación; la contaminación de los mares y de las aguas continentales; la ampliación de la pobreza y la permanente concentración de la riqueza. Esto último incluye que un reducido grupo de empresas internacionales se está apropiando, a través de patentes, de las semillas de un pequeño número de especies cultivables, mientras perdemos un enorme patrimonio mundial de especies animales y vegetales que, en el pasado y aún en el presente, permiten cubrir las necesidades de importantes sectores de la población mundial.

Las causas de la crisis de los años 60 y 70 pueden ser explicadas por diferencias y apetencias entre las naciones y los bloques políticos a las cuales pertenecían. Hoy debemos admitir y ser conscientes de que nuestra soberbia puede ser jaqueada por un virus.

Ing. Néstor Bárbaro

Director del Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA-UNdeC)

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