Carta del rector Ing. Norberto Caminoa a la comunidad  universitaria 

“En este año tan particular, marcado por una pandemia que quedará grabada en los libros de historia, no podremos reunirnos para celebrar el Aniversario de la Universidad. Tenemos en nuestra retina cada 5 de noviembre porque nos permite repasar lo que hicimos en el año, aprender de los errores y reafirmar el camino que emprendimos hace 17 años: el del crecimiento con calidad.

Los 5 de noviembre son, también, un lugar de encuentro para todos los que construimos la comunidad universitaria. Son una bocanada de aire fresco que nos recarga la energía para seguir trabajando por la UNdeC que queremos, y que Chilecito y todos los argentinos nos merecemos.

El COVID intentó dejarnos sin clases, detener nuestros proyectos de investigación, impedir que los estudiantes estrenaran su título universitario. Pero no pudo. Con un enorme esfuerzo de los equipos no docentes, una gran voluntad del claustro docente y una impagable colaboración de los estudiantes, implementamos clases online, certificamos la realización de exámenes, emitimos títulos y la actividad investigadora siguió a toda máquina.

Estos meses en casa nos han regalado muchos momentos para reflexionar sobre nuestro recorrido. La de la UNdeC es una trayectoria sinuosa, como todas, pero que nunca abandonó el norte de la excelencia y la calidad. En épocas de mayores recursos o de angustias presupuestarias, hemos logrado mantenernos en la senda del avance que la sociedad reclama a las instituciones universitarias.

Hemos aprendido a escuchar las necesidades de la comunidad, con la que trabajamos para expandir la oferta académica de modo criterioso, creando carreras relevantes para la población. Pasamos de aquellas 9 carreras de grado heredadas en el nacimiento de la UNdeC a las 24 que ofrecemos actualmente. Además, la comunidad expresó la necesidad de contar con estudios de posgrado. Es así que nos embarcamos en el diseño y acreditación de más de 20 opciones de formación a través de maestrías, especializaciones, diplomaturas y cursos. Incluso, completando todo el ciclo formativo, logramos poner en marcha el primer doctorado de la UNdeC.

Con el crecimiento de la oferta, la comunidad universitaria también creció. La ciudad y la región comenzaron a vivir el impacto positivo de la impronta universitaria. Las nuevas carreras de grado y posgrado se nutrieron de alumnos. Lejanos quedan aquellos primeros 800 estudiantes de 2004 en comparación con los más de 6000 que actualmente dan cuenta de que el criterio de ampliación de oferta fue acertado. No sólo los jóvenes dejaron de irse a estudiar lejos de casa, sino que Chilecito comenzó a ser anfitriona de los sueños provenientes provincias vecinas.

Del mismo modo, el claustro docente se multiplicó, se estructuró en departamentos desde los cuales se impulsó la investigación y se estimuló el espíritu crítico que mantiene vivas a las universidades. Actualmente, más de 500 profesores y profesoras provenientes de todas las provincias argentinas –incluso del extranjero– animan las aulas con su conocimiento y enriquecen la experiencia formativa con sus vivencias.

El puñado inicial de profesionales no docentes que en 2004 sostenían las clases con enorme sacrificio, hoy ya son más de 150. Es un equipo comprometido, que tracciona el motor de la UNdeC con las mejores herramientas de gestión, con condiciones laborales justas y con la posibilidad de escalar sus trayectorias, ya sea a través de formación como de promoción interna o programas de movilidad.

Los graduados son también parte de la comunidad universitaria. A partir de 2005 se estableció que habría dos colaciones de grados por año. Es un hecho singular que no debe dejar de ser percibido en su correcta dimensión sólo por el hecho de habernos acostumbrado. Es la celebración del objetivo cumplido. Recibir el título universitario ha cambiado miles de vidas de jóvenes argentinos que eligieron Chilecito para estudiar. En la inmensa mayoría de los casos, este logro fue familiar: los egresados de la UNdeC son generalmente la primera generación de su familia que puede acceder a la educación superior. Todos los que hacemos la UNdeC honramos esos sueños familiares y esas lágrimas de emoción reflejadas en los más de 2000 títulos universitarios que entregamos desde 2005.

El crecimiento en infraestructura fue imprescindible para acompañar a la familia universitaria en permanente expansión. Desde instalaciones de primera necesidad, como son las aulas, hasta perseguir lo que algunos señalaban como quimeras cuando nos planteábamos investigación de excelencia en la cima del Famatina o con equipamientos de alta complejidad en Los Sarmientos. Del mismo modo, multiplicamos la capacidad de alojamiento para nuestros docentes viajeros. Fuimos construyendo más que hospedaje: sin saberlo nacieron enamorados y enamoradas de Chilecito.

También apostamos por los medios de comunicación universitarios. Nos colocamos a la par de universidades con décadas de desarrollo audiovisual e impulsamos la participación de docentes, alumnos y profesionales locales en producciones que sorprendieron a más de uno. Fuimos capaces de poner en marcha la editorial y la radio universitaria, que hoy ocupa un espacio privilegiado en el aire de la ciudad y que está gestionada por estudiantes y docentes de la Universidad.

En la grilla de programación de la radio tiene un espacio el colegio de Tilimuqui. La propuesta de La Riojana fue de vanguardia, ambiciosa. La UNdeC tomó el testigo y soñó con impulsar educación secundaria de calidad. Ese sueño hace años que es realidad. Los primeros egresados ya dan cuenta de que el proyecto educativo fue diseñado e implementado con criterio y, especialmente, con vocación. En Tilimuqui germinan las ilusiones tempranas que diseñan futuros más justos.

Estos hitos de crecimiento rápidamente retumbaron en el sistema universitario nacional y la UNdeC comenzó a ser reconocida como un actor relevante, con nombre propio, con personalidad. Pero el reconocimiento atravesó fronteras y comenzamos a conversar de igual a igual con universidades de Latinoamérica y Europa. Fuimos invitados a trabajar en proyectos de investigación internacionales. Nuestros estudiantes enriquecieron sus currículas a miles de kilómetros de casa y luego fueron los orgullosos anfitriones de sus pares cuando aterrizaron a cursar un semestre en Chilecito.

La Universidad Nacional de Chilecito no ha parado de crecer: criterio, calidad y compromiso fueron los pilares que hicieron realidad un sueño que parecía desvanecerse apenas haber nacido.

Lo supimos desde el principio, no lo olvidemos nunca: seamos conscientes que el futuro pertenece a la gente que se prepara y entrena para enfrenta”.


Ing. Norbeto Caminoa

Rector

Universidad Nacional de Chilecito

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

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