¿Qué productos estamos consumiendo?, ¿Consumimos realmente lo que necesitamos?, ¿De dónde provienen los bienes y servicios?, ¿Cuál es el impacto ambiental y social de nuestro consumo?

Todos los días de nuestras vidas utilizamos y consumimos algún tipo de producto o servicio para satisfacer nuestras necesidades, pero muy pocas veces nos hacemos estas preguntas. Vivimos en lo que llamamos una “sociedad de consumo”, en la que comprar y acceder a bienes y servicios es un valor en sí mismo, nos da status y satisfacción. Por ejemplo, los medios de comunicación nos muestran de manera constante publicidades para incentivarnos a consumir ropa, zapatillas, teléfonos celulares, autos, electrodomésticos y todo tipo de productos. Así, y quizá sin darnos cuenta, vivimos para trabajar y generar mayores ingresos para poder comprar más cosas.  

¿Realmente necesitamos todas las cosas que compramos? Probablemente no. La tendencia y el concepto del “Consumo Responsable” propone reflexionar, concientizar y mejorar las prácticas sobre la cantidad y calidad de lo que consumimos. Por un lado, el consumo responsable implica determinar cuáles son nuestras necesidades reales, y cuáles son creadas o ficticias, para luego consumir en función de las primeras y así evitar el consumo superfluo. Por otro lado, plantea tener en consideración aspectos relacionados con el impacto ambiental y social de la producción y uso de cada producto.

En los procesos productivos se emplean y combinan recursos naturales, maquinarias, tecnología y mano de obra para generar bienes de consumo final. Ahora bien, en muchos casos, estos procesos tienen consecuencias negativas para el ambiente tales como los desechos contaminantes, la explotación abusiva de recursos no renovables, la utilización de envases no degradables, entre muchas otras. También suelen darse situaciones de sobreexplotación del trabajo en las que las condiciones laborales son muy precarias y no se respetan los derechos de los trabajadores. En otros casos, la producción en masa desplaza pequeños productores y comunidades locales dejándolos sin medios de supervivencia.

En nuestra región, y en Chilecito en particular, conocemos de cerca estas problemáticas, la escasez de recursos como el agua, la explotación de recursos naturales, la contaminación, y las condiciones de los pequeños productores y de los trabajadores, están asociadas a nuestras pautas de producción y consumo. Es por esto que reflexionar sobre el “Consumo Responsable” se torna necesario para la sustentabilidad futura.

Muy comúnmente pensamos, ¿qué podría hacer yo?, ¿de qué sirve que cambie mis hábitos si nadie más lo hace?, estas ideas son una trampa. Cada uno de nosotros puede adoptar prácticas de consumo que impliquen menor contaminación, mejores condiciones laborales y de producción, menor utilización de recursos no renovables, uso de productos más saludables y disminución del nivel de consumo superfluo. Cada vez que compramos un producto estamos “votando”, avalamos y estimulamos a través de la demanda la producción de dichos bienes, muchas veces sin tener en cuenta cómo fueron producidos, ni su impacto ambiental y sobre nuestra salud.

Entonces, ¿podemos hacer algo? (*), sí, cada uno de nosotros puede tomar conciencia, aunque sea de a poco, sobre el tipo y la cantidad de productos que compra y consume. También desde el Estado pueden promoverse normativas y leyes que regulen el impacto ambiental de la producción y fomenten el consumo responsable. En ese sentido, por ejemplo se puede estimular el consumo de productos de origen orgánico y artesanal con el menor grado de procesamiento posible. Así, la actitud de cada uno puede convertirse en tendencia, una mayor conciencia ecológica y social conllevará sin dudas a una producción más sustentable y un consumo más saludable.

 

Mg. Gabriela Starobinsky

Directora de Carrera Licenciatura en Economía

Invitada por el Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA)

Universidad Nacional de Chilecito (UNdeC)

(*) Algunas recomendaciones de la organización Ecologistas en Acción son:

  • Antes de comprar algo, reflexionar detenidamente si realmente se necesita comprarlo o si se está siendo guiado por la publicidad.
  • Al decidir comprar algo, averigua muy bien de qué materia prima se fabrica, de qué manera su proceso de manufacturación impacta al medio ambiente y si genera algún daño o injusticia social.
  • También considera el impacto al ambiente y al entorno social (especialmente el cercano a ti) que tiene el uso de lo que piensas comprar.
  • Al comprar algo, considera también el impacto causado por los residuos y la basura que genera.
  • Evita los productos descartables, si no son estrictamente necesarios.
  • Rechaza las bolsas de plástico que dan en supermercados y comercios. En lo posible, al hacer una compra, lleva tus propias bolsas de tela, de papel, de cartón, o incluso las de plástico usadas anteriormente hasta que sean inservibles.
  • Recicla antes que comprar, muchas de las cosas que están para tirar se pueden volver a utilizar de otras maneras y formas (usa tu imaginación).
  • Si utilizas artículos desechables, que sean de materiales compostables, biodegradables o, en todo caso, reciclables. Por ejemplo platos, vasos, cubiertos, bolsas, bolígrafos desechables de materiales compostables, como bioplásticos, en lugar de plásticos.
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