Naciones Unidas estableció, en 2002, el 11 de diciembre como el “Día Internacional de las Montañas” para sensibilizar sobre su importancia para la vida y concientizar acerca de sus beneficios y vulnerabilidades, con la finalidad de comprometer a instituciones y a la sociedad, para lograr un uso sostenible.
Las montañas albergan a la cuarta parte de la biodiversidad del planeta, incluyendo numerosas especies de plantas y animales endémicos, que no se encuentran en otras partes. Presentan una gran diversidad cultural y patrimonial, acogiendo a numerosas comunidades ancestrales que atesoran inestimables conocimientos sobre ellas. Su belleza, relieve abrupto, lagos cristalinos, paisajes coloridos, ríos torrentosos, favorecen una gran diversidad de actividades. Por ello, estas zonas son destinos turísticos atractivos, que permiten acceder a un ambiente preservado, sano y en contacto con las culturas locales. Son torres de agua que suministran agua dulce a más de 2.000 millones de personas, más del 20 por ciento de la población del planeta. Proporcionando un racionamiento gradual y continúo gracias a la presencia de distintas reservas hídricas como los humedales, acuíferos y glaciares. Estos cumplen el rol de regular naturalmente los caudales de los ríos que descienden de la montaña. Los glaciares y manchones de nieve almacenan el agua en forma sólida durante los períodos húmedos y fríos. Luego, la liberan durante la estación estival cuando la demanda hídrica para la agricultura, el consumo humano y los ecosistemas, aumenta considerablemente. Esta regulación natural se vuelve aún más significativa en años secos cuando las precipitaciones son escasas, asegurando un caudal mínimo pero imprescindible para las zonas áridas.
Sin embargo, las montañas se encuentran fuertemente amenazadas por distintos factores: cambio climático, expansión de la frontera agropecuaria, incendios, etc. Esto ha generado tasas de adelgazamiento de los glaciares a nivel global que no tienen precedentes en el último siglo y que se han duplicado desde la década de 1990. El derretimiento de los glaciares acarrea riesgos adicionales menos conocidos como desestabilización de laderas, colapsos de lagos proglaciales, aluviones, etc.
Las montañas de la provincia de La Rioja no son ajenas a estos procesos. Es muy probable que continúen perdiendo hielo en las décadas venideras, contribuyendo a una progresiva aridificación y haciendo cada vez más vulnerables a los ecosistemas y a las sociedades que dependen de ellos.
Este día internacional es una oportunidad para salir a contemplar nuestras montañas y replantearnos ¿Qué tipo de montañas queremos para el futuro? Tomando conciencia del grado de vulnerabilidad y la explotación creciente en el que se encuentran nuestras torres de agua, es un desafío generar las herramientas adecuadas para lograr una administración justa, equilibrada y sustentable de las tierras altas. Para ello es fundamental contar con información ambiental de calidad para diagnosticar, pronosticar y priorizar sus problemáticas. Con esto podremos finalmente lograr un manejo sustentable apoyado en la participación y el consenso de las instituciones, las comunidades locales y el sector privado.

Lic. Hernán Gargantini
Licenciado en Ciencias Geológicas (UNC)
Profesional del Inventario Nacional de Glaciares (IANIGLA-CONICET)
Invitado por el Instituto de Ambiente de Montaña y Regiones Áridas (IAMRA-UNdeC)

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